jueves, 31 de mayo de 2007

EL DISCO DEBUT DEL HOMBRE ORQUESTA

Cumpleaños de Pinochet, 1989. Bombazo y la luz en la ciudad se viene abajo. “La negra Ester” se presenta en el cerro Santa Lucía, y Cuti Aste está a cargo de la musicalización con La Regia Orquesta. Es la última escena y un iluminador avispado apunta su linterna al rostro de Boris Quercia en el papel de Roberto Parra. Dos actrices toman posición en cada lado sosteniendo velas, “como esfinges”, acota, “y todo se transforma en un teatro de sombras orientales. Fue impresionante”.

Ahí es cuando los mitos en torno a la figura del “hombre orquesta” se activan: siempre ocupado, con mil colaboraciones esperándolo al teclado, vibráfono, shamisen o el instrumento que sea. El momento sublime de “La negra Ester” se rompe, aplausos, y Cuti sale corriendo a oscuras cerro abajo, en dónde vuela en taxi hacia Matucana 19. Carlos Cabezas, Silvio Paredes y Cuti Aste encabezan los nueve músicos que esa noche fueron Electrodomésticos, luego que alguien consiguió un generador para no suspender el show. Sería vital. Jaime Cumplido, después iluminador de La Ley, acaba de comprar focos que para esa época eran de ciencia ficción, y los contraluces dejan al público ciego. Unos documentalistas españoles patean la perra porque tanto flash no los deja grabar. El mito de esa noche comienza, y Cuti es parte de eso.

LA LLUVIA...

El primer disco solista es una buena ocasión para derribar su propia mitología: “Suena raro que yo diga que paso por períodos de cesantía. Pero junto a meses de mucha actividad, en los que me estreso y no tengo tiempo para ver a mi hijo ni hacer vida privada, hay partes del año en que estoy en mi casa tocando el piano, sin motivo para salir a la calle”.

Arranca “Estatuas de sal”, el tema 1 del disco. “Ahora tengo una melódica nueva, pero es el primer instrumento que toqué, me lo regaló mi hermana”, comenta antes de sacar el teclado, soplar y seguir la frase con sus dedos, hasta que entre las seis octavas aparece su voz. No son coros. Cuti Aste, el eterno sideman, está cantando. “Si no queda sal, para qué comprar, nada que aliñar, si tú no vendrás”, dice la letra.

Uno de esos días largos estaba Cuti en su estudio/departamento y Santiago no daba más de smog. Sin aviso, las gotas comienzan a repicar en el techo, y Cuti se trepa hasta la ventana y apunta hacia afuera el micrófono. “Por fin llovió” es su segunda canción y el agua suena como en Concepción, desde donde Cuti comenzó el viaje en 1985 para llegar a Santiago a estudiar licenciatura en música, y desde el principio los actores fueron sus compañeros. Primero, con Horacio Videla en el Teatro Provisorio; luego, con Andrés Pérez en la obra más importante de los ’90, “La negra Ester”.

Esa experiencia en teatro se ve en “Frívolas”, el tercer corte, un fuego cruzado entre su voz y un coro de mujeres que se acusan de superficiales y silicónicas. Durante todo el disco, fue fundamental la ayuda de las actrices y coristas Paulina Eguiluz, Tamara Tello, Paula Bravo, Javiera Hernández y Francisca Villagra. “Es la única canción como entretenida”, comenta.

“¡Pero si ése es un loco!”, reprendía Juanita Petinelli a un joven Álvaro Henríquez que había tenido la ocurrencia de decirle: “Mamá, me voy a Santiago a vivir con el Cuti Aste”. Henríquez, Titae Lindl y Pancho Molina recién comenzaban a ser Los Tres y ya habían participado como banda en vivo para la obra “¿Y Warhol?”, que Cuti decidió musicalizar con canciones de The Velvet Underground. Titae y Álvaro alojarían por unos días y se quedaron varios años en la casa que Cuti compartía con Videla, María José Núñez y Boris Quercia.

Todo decantaría. Álvaro Henríquez se sumó a “La negra Ester” y junto a Aste se empaparían de la herencia guachaca del Tío Lalo y Roberto Parra, convirtiéndose en alumnos aventajados y de lujo de esta primera fila de la música criolla. La mostrarían luego al continente en el “Unplugged” de Los Tres, y Henríquez se convertiría en el heredero del estilo. Aste seguiría acumulando colaboraciones.

VIDA DE MONJE

“He desarrollado en mi vida una actitud bastante humilde de estar a un costado y ser un ‘sideman’, el que acompaña”. Desde su primera banda escolar, Los Presidiarios, pasando por La Regia Orquesta, Electrodomésticos, Los Tres, Javiera Parra y Los Imposibles, La Rue Morgue, La Chimuchina, Los Mismos, Doce Monos, Banda Sonora y Hermanos Martínez, la espera fue larga para que Cuti pasara al frente.

Así siguen los temas: “Intenta olvidar”: “Toda mi vida he regañado contra lo convencional. Es ridículo que los hombres canten ‘mi amor, no me dejes’, cuenta.

Apartado de la noche, levantándose temprano, haciendo clases por primera vez, “en actitud de monje zen”, Cuti capeaba la cesantía estacional del 2006.

Sigue “Una vez más” y después el bolero “No creo que seas tan así”, con trompetas de trasnoche festivalero. “Ahora me siento sumamente reflejado. Me di cuenta que haciendo un disco donde manifestaba la soledad me había rodeado de gente”. Y ahí viene la devuelta de mano: “Tengo grabados todos los instrumentos, salvo unos contrabajos que ya grabó Fernando Julio (ex Imposible y actual Inti Illimani) y una guitarra por Barraco Parra. Cristián López, de Los Imposibles, me ofreció su ayuda para lo que yo quisiera, Marcelo Filippi quiere grabar las baterías y Pedro Frugone desarrolla unas cosas con guitarras que yo no podría hacer”.

ESPECTATIVAS

“No me estoy imaginando como artista revelación a estas alturas de mi vida (41 años). Pero sí me quiero tomar muy en serio el asunto. Hacer giras y darle la continuidad que a veces le falta a Los Mismos o Carlos Cabezas”.

Pasan “Al fondo del mar”, “Ya no importa” y “No habrá perdón”, mientras está con Carlos Cabezas repasando detalles del 2º disco solitario de Cabezas. “Y esperaré” fue la canción que escribió para el debut de Javiera Parra, que ahora sustituyó con su voz y un quinteto de cuerdas. Cuti ha vuelto a acompañar a Los Imposibles en el escenario, y esa canción es una de sus favoritas.

La última, “Fotografías”, se la guarda. Once títulos y el último no podía ser mejor. En el acordeón en Los Imposibles, atrás en los estudios donde fue televisado el “MTV Unplugged” de Los Tres, las imágenes en la mente sobran. Como el gran álbum que tiene Cuti Aste en su mente.